En un mundo letal

Por Vycktorya Letal LaBeija

Vycktorya Lethal LaBeija retratada por Memo Hojas www.instagram.com/memohojas/

Luces, noche, distancia.

Revisar la hora, medir el tiempo, calcular el traslado. Preparar todo: una maleta o mochila lo suficientemente amplia para que todo quepa – mientras menos que cargar mejor, pero mientras más posibilidades mejor: dos opciones de vestuario, de calzado, de accesorios, ¿usar mi cabello arreglado o usar peluca? Llevar más de una por si acaso. Siempre queda la duda si habría sido mejor una opción que la otra, incluso si estoy convencida de que es lo adecuado. Revisar el reloj, prisa, salir casi corriendo. Repasar mentalmente todo, ¿sí traigo la música? Angustia, nervios, reviso nuevamente. Sí, todo está ahí, ​fiuf.​

Vuelvo a repasar, nada más para estar segura y aprovechar en el tiempo de traslado: en tal minuto este paso, en el acento musical este otro, qué comentario o bromas haré, espero se rían. De pronto algo me distrae, son las luces de esta ciudad, la Ciudad de México, este gigante monstruoso y hermoso a la vez, ¿cuál es tu encanto que mucha gente insiste en conquistarte mientras recorre tus calles, los túneles del metro, en camiones y taxis como microbios por tu torrente sanguíneo?

Puede ser una presentación sencilla, un número o dos y uno extra preparado por si piden más (una vanidad inevitable). En un bar, en un teatro, en una explanada o en plena calle, toda la ciudad es un escenario, incluso a mitad de una protesta o reclamo. ¿Quién me manda a ser activista también? Esta inconformidad que parece inacabable pues “nadie es libre hasta que todos seamos libres”. Me encantan las luces, el escenario, la energía del público que me envuelve pero también ser yo energía que se sincroniza con la de los demás y enviar un mensaje claro y contundente.

Retraso en el transporte ¿por qué no me he mudado todavía? Recuerdo que aun viviendo aquí pasaba lo mismo, apurada, corriendo, cargando como caracol la vida que cabe en una maleta y que al mismo tiempo no puede contenerse.

Llegar al lugar, buscar el camerino o lo que haga las veces de, incluso cambiarse en un rinconcito donde nadie me vea es suficiente, ya llevo parte del vestuario bajo la ropa de calle. Entonces comienza lo que llamo “hojalatería y pintura”, aprendí a ser rápida en el arreglo, como dice mi hermana Déborah, arrojar todo el maquillaje al aire y nada más lo que me cae en la carita es suficiente. Claro que no es así: la base, el polvo, las sombras, delineador de ojos, delineador de labios, el ​bilé​ usado como rubor también para ahorrar tiempo – gracias mamá por enseñarme ese truco tan útil que me ahorra tiempo y productos.

No puedo evitar pensar en cómo ha cambiado todo. Antes las travestis imitadoras de caracterización éramos llamadas, nuestras imitaciones, nunca suficientemente valoradas a pesar de todo, hacían las delicias de quienes nos veían. ¿Será demasiado iluso pensar en ocupar el lugar que dejó Francis? Ahora son las ​Drag Queens​ las más llamadas, toda su parafernalia es más atractiva al público de ahora, esos maquillajes exagerados, tacones de más de treinta centímetros, pelucas que añaden un metro más de estatura. Está bien, muy bien. Antes una imitaba a una estrella, ahora una es la estrella con voz robada o, las que pueden y son lo suficientemente audaces usan su voz y cantan las canciones de las que antes hacían fonomímica o ​lip-synch​. Yo también canto, pienso en voz alta. En los noventa sólo existían Las Hermanas Vampiro, ¡qué sensación!, fantasía galáctica en azul y plateado. Como un viaje en LSD servido en mimosas, su espectáculo estaba más cercano al cabaret que al show de siempre. Ni yo ni ninguna otra “showsera” fue la misma. Confieso que extraño la época en que estaba bien clara la diferencia entre travesti imitadora y ​drag queen,​ así como lo que a mí me toca por contribuir a ese desdibujamiento. Al cruzarse el ​performance​ en mi camino, junto a las Enmascaradas $in Plata, comencé a explorar desde la figura travesti y/o ​drag queen,​ otras formas de reivindicación, otros lenguajes, otros escenarios; celebrar lo femenino desde otra luz. Años después vino el burlesque… ¡Oh! Amado burles… ¡¿qué?! Algo se atoró… ¡Nunca falta el accidente con las medias!

¿En qué estaba? En lo que recuerdo pasa por mi mente Diana, mi madrina, ella me dio la patada, ¿qué habrá sido de ella? De entre las showseras, de entre las imitadoras de caracterización, Diana y otras mujeres trans han sido siempre precarizadas, olvidadas, negadas en un ambiente que es tan suyo, incluso se les llega a expulsar. No me corresponde hablar por ellas, pero siento pena y rabia. Algunas, muy pocas, han logrado permanecer y resistir pese a todo, algunas hasta llegan a tener su lugar; otras, incluyéndome, tenemos la suerte de colaborar con festivales, de presentarnos en cocteles y fiestas, de entretener a entretenedores. Ese es mi nicho o al menos lo era. Ahora también lleno de dragas, ahí se hace cada vez más esporádica la participación y las funciones, hay que renovarse, reinventarse, abrirse la piel y sacar “otra yo” corregida y aumentada, con otros trucos o los mismos de siempre mejorados – “yo también canto”, recuerdo. Si ya hubiera podido terminar de grabar esas canciones, me iría diferente, retomaría y volvería a estar “vestida de poesía”, a kaputear​ los poemas de Novo, Villaurrutia, Rosario Castellanos y de Sor Juana, ese trabajo en vivo con el ​Kaput Kollectiff. Pero así pasa, hay proyectos que, dicen algunas personas, hay que soltar cuando la energía, el alma y el presupuesto ya no te dan. Ya está todo ¡sólo falta terminar de grabar! Y así llevo algunos años.

¡Reacciona! Las últimas pinceladas de maquillaje, mínimos retoques, cerciorarse de que el vestuario está bien colocado y no dará sorpresas durante el show, ¿ya le di mi música al DJ, o al encargado de “ponerle ​play”​ ? ¿Funcionará, le gustará a la gente? Ya no hay tiempo para pensar en ello y es mejor no hacerlo. Respira profundo, están anunciándote. Es hora. ¡A triunfar!

*Vycktorya Letal LaBeija, nacida en Ciudad Nezahualcóyotl, es diletante en las disciplinas del canto, baile, actuación, modelaje, arte acción, ​burlesque​ y forma parte de la escena y cultura ​ballroom​ mexicana; se formó en talleres y grupos de teatro desde 1990, es activista en prevención de VIH y otras ITS, activista del movimiento LGBTTTI y promoción y defensa de Derechos Humanos desde 1997. Actualmente es madre del capítulo mexicano de The Royal House of LaBeija.